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México Intolerante: migración y xenofobia

Por Marisa Barbosa Serrato.- Las migraciones han existido desde que el ser humano ha podido caminar  hacia el horizonte, sin embargo, hoy en día estamos siendo testigos de los niveles de desplazamiento más altos jamás registrados en la historia.

La población mundial desde hace más de 60 años, gracias a los avances dentro del campo de la medicina, ha tenido un crecimiento exponencial. En pocas palabras, la población aumenta rápidamente, originando de manera natural, necesidades que se tienen que resolver a nivel social y cultural.  Producir la comida suficiente para alimentar a las nuevas generaciones, la elaboración de los textiles para poder vestirlos, el espacio físico donde puedan habitar durante su vida, el suministro de medicamentos suficientes para prevenir, curar o tratar enfermedades y el acceso a educación de calidad, son solamente algunas de las diversas necesidades urgentes que debe resolver nuestra especie.

Según datos oficiales de ACNUR México, en el año de 2017, el número de desplazamientos forzados a nivel mundial rompió récord histórico con un registro de  68.5 millones de personas; todas obligadas a huir de sus hogares y más de la mitad menores de 18 años. Indicadores de la Organización Internacional para las Migraciones (IOM), reportaron que solamente durante el 2018  hubo un total de 36.1 millones de niños migrantes.

El tema de la migración históricamente ha sido una cuestión que genera controversia y polarización, sin embargo analizándolo como un fenómeno social, se pueden observar ciertos patrones que no se deben ignorar si se quiere hacer un análisis objetivo. Una de las múltiples variables dentro del fenómeno de la migración son las crisis económicas: tales desestabilizaciones generan que cada vez mayor número de personas se vean obligadas a abandonar su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida para ellos y para su familia. 

Estas migraciones han sido la justificación para el surgimiento de discursos xenofóbicos (entendiendo la xenofobia  como el miedo al extranjero),  formando con esto un patrón de  acción y reacción.

Si nos tomáramos el tiempo de  hacer un análisis de los discursos que líderes  sociales y políticos alrededor del mundo han pronunciado durante estos procesos de grandes migraciones, nos sorprendería encontrar las enormes coincidencias tanto ideológicas como discursivas. Uno de los argumentos más utilizados, es que la causa primordial de pérdida de empleo, un detonador clásico de las crisis, es el apropiamiento de los espacios laborales por parte de los migrantes ilegales, convirtiendo así al sujeto en el temido “enemigo externo”, que logró traspasar la seguridad de las fronteras.

Al analizar este patrón, se puede entender el auge en el pensamiento nacionalista entendido como la identidad de un pueblo. Lejos de considerarse una reacción positiva, se trata de aquel nacionalismo  de corte racista, intolerante y de  rechazo a las diferencias culturales (todo ello sin mencionar la variable de seguridad nacional). Es como si la reacción natural del ser humano a lo inestable de su  mundo, fuera aferrarse o anclarse  de lo único que le queda firme bajos sus pies, siendo esto literalmente la tierra. 

Múltiples manifestaciones por parte de mexicanos en diferentes plataformas y medios de comunicación con mensajes de odio, xenofóbicos y de rechazo nos muestran que los efectos de la intolerancia discursiva no son exclusivos de ciudadanos pertenecientes a países desarrollados, nos han mostrado que nosotros, los mexicanos, también podemos tener dentro a un republicano racista, sin mostrar empatía por connacionales u otros nacionales de países latinoamericanos sumidos en la pobreza. 

Tomando en cuento lo anterior, hoy más que nunca debemos de tener presente los siguientes indicadores. En el 2017 la Secretaría de Relaciones Exteriores registró un total de 11’ 848, 537 mexicanos viviendo en Estados Unidos (es importante mencionar que esta cifra no considera a la familia de dichos migrantes, nacidos en territorio estadounidense). Según datos del  INEGI, la causa de más del 70% de los mexicanos que abandonan el país es para buscar mejores oportunidades de trabajo, pero hay otro 20% cuyo incentivo es  poder reunirse con su familia que migró anteriormente.

Los migrantes son personas mucho más vulnerables que el resto de la población, no solamente por el hecho de tener que iniciar una nueva vida en condiciones de pobreza, dentro de un territorio desconocido con diferentes usos, costumbres, clima, leyes,  inclusive el idioma. Los migrantes con situación migratoria irregular suelen ser discriminados, marginados y explotados. Tristemente, la condición de migrante poco a poco se ha ido vinculando a que todos normalicemos las prácticas sistemáticas de violaciones a sus derechos humanos.

Los Estados en su condición de soberanos tienen el derecho autónomo para decidir los requisitos de entrada y permanencia a su territorio nacional, ninguno se encuentra obligado a recibir de manera permanente a migrantes. Sin embargo si están obligados a respetar y proteger los derechos humanos de todas las personas sin importar su nacionalidad o estatus migratorio. 

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce los derechos de las personas migrantes: estipula el derecho a la dignidad humana, determinando claramente que la condición de migrante no resta valía a ninguna persona, nadie tiene derecho a dar un trato diferenciado al desplazado y su paso dentro de territorio mexicano no debería significar un riesgo de abuso a sus derechos, a su integridad ni a su libertad. 

Si lo pensamos, es un poco  alarmante que se tenga la necesidad de regular jurídicamente derechos donde se pida respetar la dignidad de las personas; sin embargo es más alarmante que dicha regulación este siendo  violada sistemáticamente. 

Necesitamos recordar constantemente que los migrantes tienen esta condición porque no tienen otra opción. Es decir, no se trata de que hayan decidido moverse con todas sus cosas en una bolsa, renunciando a su vida anterior y a los recuerdos de su tierra, se trata de una imposición, como animales salvajes, primarios, apelan a su instinto de supervivencia. ¿Quién no haría lo mismo?

Como sociedad tenemos que asumir nuestra responsabilidad civil para que las instituciones mexicanas respeten los derechos humanos de todas las personas dentro de nuestro territorio, migrantes o nacionales, pero como nación migrante, tenemos una responsabilidad moral por hacer valer dichos derechos, de la misma forma que exigimos que respeten en la frontera norte a nuestros hermanos mexicanos. 

Migraciones han existido desde antes de que el ser humano decidiera establecerse de manera permanente, nuestros antepasados migraron, nuestros abuelos migraron, nosotros hemos tenido que migrar, esperemos que los que vengan no tengan que migrar pero si tuvieran la necesidad de hacerlo, apelemos a que sea en condiciones más humanas. 

Marisa Barbosa Serrato

Licenciada en Relaciones Comerciales Internacionales, estudió en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Buenos Aires, Argentina como Master en Ciencias Políticas y Sociología. Integrante de la delegación mexicana en la II Plataformas Regionales para la Reducción de Desastres en las Américas ONU; Conferencista y docente de Política Exterior Mexicana , Política Internacional y Paradiplomacia. Fungió como, Coordinadora de la Oficina de Asuntos Internacionales de la Ciudad de Morelia, actualmente es responsable de la vinculación de Morelia en la Unesco.

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